Nacionalsocialismo

jueves, 1 de abril de 2010

Entrevista a Hilde Nordmann

Hilde Nordmann: Deslumbrada por el FührerHilde Nordmann es chilena de ascendencia alemana. Viajó a Europa el año 37 para visitar a su familia. Allí ingresó a la Juventud Hitleriana, fascinada por las formas y actividades que ofrecían y fue testigo de la fuerza y el poder de seducción de Hitler. Vivió la guerra como una alemana más y en su balance final siente las muertes inútiles, pero valora algunos aspectos del discurso de Hitler.

¿QUÉ RECUERDA DE SUS PRIMEROS TIEMPOS EN ALEMANIA? Cuando estábamos en clase llegaba el profesor y decía: ¡Atención! y todos nos parábamos. Él, entonces, delante de nosotros decía: Heil Hitler. Heil Hitler, contestábamos todos.

¿ESE SALUDO ERA OBLIGATORIO EN LA ESCUELA? Sí, era obligatorio, todos nos saludábamos así. En la calle, cuando usted veía a una amiga: Heil Hitler, Heil Hitler. Llegaba a la casa, ya estaban almorzando, en vez de decir provecho, decía Heil Hitler. Pero uno no pensaba nada. Si usted quería lo saludaba así, si no, no. Habían muchos en contra, por supuesto. Pero para nosotros, imagínese, una muchacha de 15 ó 17 años, con eso vibrábamos. Para nosotros era todo nuevo, qué sabíamos nosotros lo que iba a pasar.


¿TENÍA APOYO POPULAR HITLER? PORQUE CUANDO FUE NOMBRADO CANCILLER, LA SITUACIÓN ALEMANA ERA MUY DIFÍCIL. Era difícil, pero este hombre levantó todo y muy rápido. Claro que uno era tan niña. No me daba cuenta de muchas cosas, pero estábamos bien. No nos faltaba nada.


¿USTED SE ACUERDA HABER OÍDO DISCURSOS DE ÉL? Yo lo conocí a él, lo vi dos veces: en Nuremberg y en Munich CUÉNTEME, ¿CÓMO FUE ESE ENCUENTRO? Yo estaba pasando mis vacaciones en Munich. Hubo una reunión en ese lugar con sus hombres del partido, eran cientos y cientos. Insistí en que quería ir para allá. Como era una muchacha joven, de 16 años, imagínese, me fui metiendo y metiendo. Estuve adelantito y él habló muy bien.

¿SE ACUERDA QUÉ DIJO EN ESE DISCURSO? No mencionaba nada de lo que se nos venía encima, ya casi iba a estallar la guerra. Entonces nos daba ánimo. Para él su segunda palabra era la juventud. Que tuvieran confianza y trabajaran, que él iba a hacer todo lo posible por sacar todos los problemas adelante. El segundo encuentro en Nuremberg fue más grande. Ahí se juntaron especialmente todos sus uniformados, de la SS, de la SA, NSKK. Él en sus discursos preparaba a la gente para lo que iba a venir. La juventud estaba toda en uniforme. Yo no todavía, me faltaba para entrar.

¿POR QUÉ QUIZO ENTRAR A LA JUVENTUD HITLERIANA? Quise entrar porque veía todo lo que hacían las chiquillas y los chiquillos. El uniforme me atraía, las excursiones y los paseos. Salíamos, aprendíamos, teníamos que aprender canciones lindas, salíamos en viaje, salíamos en bicicleta. Imagínese usted unas 30 chiquillas y chiquillos con carpas y mochilas al hombro, cantando todo el tiempo. Tengo muy buenos recuerdos, claro que una vez me pasó algo. Esto fue cuando yo ya estaba en el colegio. Hubo una vez una tremenda pelotera en la clase. Todos los muchachos y las chiquillas salieron corriendo, empujando. Fuimos a una sinagoga de judíos. Estos niños entraron e hicieron puros destrozos adentro. Con la Biblia jugaban a la pelota. Yo me quedé en la puerta, no sabía lo que pasaba. ¡Qué sabía yo qué era judío, qué era sinagoga, qué sabía yo! y no me importaba tampoco. Para ellos era una fiesta como dejaron esa sinagoga adentro. Después nos fuimos todos al curso. Según lo que yo después supe, tenían orden de hacer eso. De a poco estaban destruyendo y atacando a esta gente.


¿CÓMO FUE LA NOCHE DE LOS CRISTALES ROTOS? Eso yo no lo vi, ni lo escuché tampoco. Muchas cosas no se hablaban delante de niños. Había que tener mucho cuidado, porque fíjese que muchos amigos míos, cuando los padres no estaban de acuerdo con todo esto, los niños los delataban.

¿CUÁNTO TIEMPO PERTENECIÓ A LA JUVENTUD HITLERIANA? Yo entré a fines del 39. Hice mi servicio obligatorio. Cuando terminé me presenté y ayudábamos. La cuestión era que nosotros, la juventud, nos pusiéramos fuertes, ayudáramos en todo lo que podíamos. Estábamos entusiasmados, queríamos hacerlo, lo hacíamos con gusto, porque él, Hitler, cuando hablaba, cuando hacía sus discursos, nos animaba, nos daba esperanza. Decía que tuviéramos fe, que tuviéramos confianza, que íbamos a salir adelante, que el país sufría, pero de a poco saldríamos adelante.

¿QUÉ VALORES APRENDIÓ USTED? En primer lugar el orden, la organización, la limpieza, la puntualidad. Esas cosas fueron muy importantes, muy esenciales para mí y hasta el día de hoy las conservo.


ME DIJO QUE EN SUS DISCURSOS HITLER IBA PREPARANDO EL ÁNIMO PARA LA GUERRA... Claro, y bien preparados nos tenían. Cuando estalló la guerra, nosotros ayudábamos en lo que podíamos. Por ejemplo, hacíamos ejercicios con máscaras, para los ataques aéreos. Teníamos que ponernos máscara y marchar, correr, hacer todo. Nosotros nunca nos opusimos a esto, lo hacíamos con gusto, porque teníamos siempre en mente lo que Hitler nos había enseñado. Uno era obediente a eso, era una línea que teníamos que seguir. Nos pedía Hitler que no abandonáramos a los soldados, que nos escribiéramos con ellos, los conociéramos, que estuviéramos permanentemente con ellos en contacto para hacerles más grata su estadía en el frente. Mandábamos ropa de lana, chalecos, yo mandé mis esquíes, mis zapatos, mis gorros. Todo lo mandábamos para ellos. Esta gente no tenía nada, porque usted sabe que la mejor arma de los rusos fue el invierno... esa fue el arma de ellos.


¿ANTES A USTED NO LE HABÍA TOCADO OBSERVAR LETREROS QUE DIJERAN NO SE ACEPTAN JUDÍOS? No, eso sí que no. Pero en la ciudad en que yo viví, había varias familias judías que se las llevaron, las vinieron a buscar. Muchas veces ni sabía que eran judíos y se los llevaron.

¿SE SABÍA QUE EXISTÍAN CAMPOS DE CONCENTRACIÓN? Sí, se sabía, claro que a tal extremo no. Pero después lo llegamos a saber. Ahora, vamos a ver hasta dónde es cierto que realmente Hitler dio esas órdenes. ¿Quién dispuso eso? ¿Quién lo hacía? Creo que la gente que estaban a cargo de los campamentos, ellos mismos lo hacían.

HAY MUCHOS ESCRITOS QUE DICEN QUE EL LIBRO QUE ESCRIBIÓ HITLER, MI LUCHA, ERA LECTURA OBLIGATORIA EN LA ENSEÑANZA, ¿USTED LO LEYÓ? Lo leí, pero a mí nadie me obligó. En ese entonces yo no lo entendía. Lo leí después, aquí. Desde un principio, él era un gran enemigo del comunismo y del judío, porque nos hacía ver a nosotros todo lo que se estaba produciendo y lo que se iba a producir con los judíos. Los odiaba a muerte.

¿QUÉ LES DECÍA, QUÉ PODÍAN PROVOCAR LOS JUDÍOS? En esa ciudad donde yo vivía, había muchos judíos. Ellos eran los que ganaban, entonces los otros tenían que cerrar. Tienen una habilidad única esta gente!!. No tengo nada contra ellos, tengo amistades, conocidos, buenos amigos judíos, pero esta gente lo lleva en la sangre, no hay caso!!. Dígame usted todo lo que está pasando, ellos nunca van a vivir en paz, nunca. Ese libro, Mi Lucha, habla de todo eso. Por ejemplo, dice que el judío va a llegar y que nosotros los cristianos nos vamos a tener que hincar ante ellos por un pedazo de pan.


¿USTED SIENTE QUE LA GENTE ESTABA CONVENCIDA DE ESO? Sí, sí. Claro que, a pesar de todo, nosotros lamentábamos mucho lo que estaba pasando. Se habían llevado a los panaderos donde yo iba a comprar mi pan, después volvieron. Al menos en la ciudad donde yo estaba, volvieron casi todos. Eso fue en ciudades más grandes, por Auschwitz, por ejemplo, eso es famoso. Ahí estaban los crematorios, fue terrible. Eso lo llegué a saber mucho después, más bien cuando ya estaba aquí.

¿CUANDO ESTALLÓ LA GUERRA QUÉ SINTIÓ USTED? Me alegraba. Todos nos alegrábamos, estábamos contentos. Claro que había una preocupación, pero de los mayores. Nosotros, mocosos, no. Nos alegrábamos que íbamos ganando, que habíamos ya ocupado Polonia, Checoslovaquia, después vino Francia.

¿USTED ENCONTRABA RAZONABLE LA CONQUISTA DE TERRITORIOS? Sí y bastante. Al menos nosotros, que no entendíamos todo esto. No sé la otra gente, porque Hitler tenía muchos contrarios, para empezar mi abuelo. Él se levantaba a las tres de la mañana y ponía la radio de afuera, para escuchar las otras noticias y se iba, luego, a hacer sus compras. Si no hubiera sido tan querido mi abuelo y tan conocido en esa ciudad, creo que lo hubieran encarcelado por todos esos comentarios.

¿QUÉ DECÍA SU ABUELO ACERCA DE QUE USTED PERTENECIERA A LAS JUVENTUDES HITLERIANAS? Que estaba mala de la cabeza, porque mi abuelo no fue nunca partidario. Él desde que estalló la guerra dijo: Al último van a llegar los negros (se refería a los americanos). Al último van a llegar los negros y vamos a quedar igual como el 14. Y así fue.

PERO LA JUVENTUD ESTABA CONTENTA, LE ENCONTRABA RAZÓN... Sí, nosotros estábamos contentos. A todos estos niños de 13 ó 15 años, nadie los obligó. Dicen que fueron obligados, pero es mentira. Era el entusiasmo tan grande que pescaban carabinas y querían defendernos a nosotros en las calles. Total que teníamos que corretearlos y decirles que se fueran, porque ya venían marchando los americanos, ocupando la ciudad en las veredas, mientras les disparaban desde las ventanas. Ellos, los niños de 14, 15 años.


¿CUÁNTO TIEMPO PERTENECIÓ USTED A LAS JUVENTUDES? Bueno, hasta el último, hasta el último... Cuando uno ve a la juventud aquí, ¡tan poco que se le ofrece!. Allá se nos ofrecía mucho. Qué lástima que todo haya terminado así, pero estábamos muy bien. Cuando Hitler daba discursos, se los repetía para la juventud que tuviera deseos de escucharlo nuevamente. En ese entonces no se grababa, no se conocía eso. Pero nosotros sabíamos taquigrafía. Entonces cuando Hitler hablaba yo escribía. En uno de los discursos dijo que nosotros, Chile, éramos ya el único país que estaba quedando al lado de ellos, o sea sin atacarlos. Lo que está pasando -dijo- es por la presión de los otros países. Si es que algo nosotros hacíamos, era por presión, pero Chile no y eso yo -dijo- no lo voy a olvidar, no lo voy a olvidar y si todo sale bien -dijo-. Yo voy a levantar ese país, voy a hacerlo grande. Qué lástima no haber guardado el cuaderno. Fíjese lo que tenía él proyectado con nosotros. O sea, éramos nosotros, prácticamente, el único país que estaba a favor de ellos. (sic) Claro que aquí hubo muchos locos también, que se subían a las micros y saludaban Heil Hitler, cosas por el estilo. Usted sabe que en todas partes no faltan esos.

DURANTE LA GUERRA, ESTAS JUVENTUDES A LAS QUE USTEDES PERTENECÍAN, ¿TENÍAN FUNCIONES ESPECÍFICAS? Sí, salíamos a los campos a trabajar, a ayudar. Yo hice mi servicio obligatorio aparte de esa razón, para recibirme y tener mi tarjeta de racionamiento para comer. Necesitaba tenerlas, entonces no podía estar sin trabajo. Salíamos en la mañana a los campos, ayudábamos a los campesinos. Nos levantábamos a las cuatro de la mañana, íbamos a la siembra de papas. Después llegaba la campesina, la dueña de casa, con una carreta y un caballito. Nos traía el café, nos traía el almuerzo en un perol grande y así, con las manos sucias como estábamos, comíamos. Nos levantábamos como a las cuatro de la mañana claro que a las seis de la tarde, ya estábamos cenando, de vuelta a la casa. A esa hora estábamos que nos caíamos de sueño en la mesa. A las ocho estábamos todos en la cama. La última sección que me tocó fue la de cartas de racionamiento, donde usted tenía que rendir cuentas. Usted tenía un negocio, entonces yo iba a comprarle, depende lo que quería: carne, harina, qué sé yo. Usted me cortaba de la tarjeta, porque eran de papel delgado como estampillitas. Según la cantidad que yo podía, me cortaba usted 100 gramos o 50 gramos. Eso lo iba juntando y después se pegaban en papeles de diario. Era obligatorio pegar de diez y diez, para después cuando iba a rendir cuentas a la municipalidad de esa sección donde yo estaba, fuera más fácil de contar. Claro que habían algunos vivos, que en vez de poner diez, ponían nueve, y más abajo ponían ocho, entonces esos eran ya unos gramos que faltaban. Esa sección era muy delicada, no cualquiera podía trabajar ahí. Cuando había casamientos, bodas de oro, bodas de plata, entonces se daba una ración extra, o sea para doce personas. Usted podía tener doce invitados y le daban de todo un poco. Usted tenía para el mes 400 gramos de carne, tenía cecina y carne todo en uno. Es decir, comía carne o cecina. ¿Sabe lo que hacíamos nosotros? Juntábamos todo y comíamos una vez al mes bien. Nos comíamos todo de un viaje.

¿QUÉ COMÍAN EL RESTO DE LOS DÍAS? Papas que no tenían gusto a nada, no tenían condimento. Pero fíjese que, a pesar de todo, aunque pasamos hambre, estaba todo muy bien distribuido. Había poco, pero había. En cambio cuando llegaron los americanos y después para qué hablar de los rusos, nos prometían, pero no nos cumplían. Yo me iba algunas veces en las mañanas, con un frío de 10, 15, 20 grados bajo cero a buscar unas papitas. Me iba a las seis de la mañana para que abrieran el negocio a las ocho y media y cuando llegaba, si no tenía algo yo con qué pasarle al dueño del negocio debajo del mesón, me decía: Se terminaron las papas. Había estado dos, tres horas esperando.

¿SE ACUERDA DEL PRIMER BOMBARDEO DEL QUE USTED SUPO SOBRE ALEMANIA? Los bombardeos fueron en Hamburgo, Berlín, Munich, Stuttgart; todas esas ciudades. Hacíamos turno voluntariamente de atender el teléfono de las alarmas. O sea que yo estaba toda la noche, sabía qué ciudades estaban siendo bombardeadas y en qué dirección venían los aviones. Al saber anotaba, apretaba el botón y se daba la alarma.

¿LE TOCÓ ALGUNA VEZ? Muchas veces. Cayeron dos aviones en la ciudad donde yo estaba, los alemanes los derribaron. Estaba en la guardia de los carabineros, ahí teníamos nosotros el turno. No lo pasábamos mal, porque nos juntábamos algún traguito cuando podíamos y algún sanguchito que nos organizaban los oficiales. Eran tan simpáticos, tan dijes con nosotros. Un día salimos con una amiga, que trabajaba ahí en Impuestos Internos en la misma municipalidad, a pasar bien una tarde y usted sabe que en una fiesta se toma. A mí me tocaba turno esa noche y caramba que me vi afligida. Entonces uno de los carabineros me dijo: Yo la voy a reemplazar, porque quizás qué lo que habría hecho yo, quizás aprieto mal el botón, doy alarma y todavía no era el momento.

¿USTED SINTIÓ ALGUNA VEZ QUE PELIGRABA SU VIDA? No, yo fui bien valiente, porque fíjese que el alcalde, que era mi jefe, dijo: Ya estamos rodeados. Estábamos rodeados, estábamos quedando sin víveres, cada vez nos acorralaban más. Entonces dijo: Va a llegar el momento, así que sigan mi ejemplo, y en mi oficina, donde había una tremenda estufa, se sacó él su insignia del partido y la echó a la estufa. Sigan mi ejemplo, y todos lo hicieron, todos botaron su insignia. O sea que cuando entraran los americanos nos dejaran tranquilos. Fue una tremenda trifulca cuando terminó la guerra. Me fugué de esa zona, porque nosotros fuimos ocupados por los rusos y por los americanos primero. A los tres meses se retiró el americano y llegó el ruso. Le rogábamos a los americanos que no se fueran porque les teníamos terror a los rusos. Llegaron igual, entonces yo me fugué con dos maletas, todo lo demás lo dejé allá. Me pasé a la zona inglesa y de allí a la americana y me encontré en el campamento sudamericano. Allí se estaban preparando para regresar a Chile. Cuando llegué allá me dijeron: Tiene que tener un permiso especial de los rusos, porque no se recibe a nadie sin permiso y ¿qué permiso iba a llevar cuando yo venía arrancando?


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