Nacionalsocialismo

martes, 12 de agosto de 2008

Las sociedades matriarcales (Por Miguel Serrano)


En las sociedades matriarcales adquieren preponderancia los jóvenes imberbes y pretenciosos. La madre muestra preferencias por los más jóvenes. Siente rivalidad por los hombres maduros y por los ancianos En los Estados Unidos de América, los niños y los jóvenes imponen sus caprichos. En Chile, en los últimos años, han controlado la economía y la vida del país, con toda clase de experimentos y teorías nefastas. El tecnócrata, el economista, las sociedades de consumo son productos típicos del matriarcado. En las organizaciones patriarcales gobiernan los hombres maduros, sin prestarse a experimentos teóricos ni a especulaciones. Los ancianos aconsejan. A ellos se escucha y se recurre en las pequeñas y grandes crisis. El matriarcado siente preferencia por el cientificismo, las teorías y la tecnología, desplazando al filósofo, destruyendo la Weltanschauung, la concepción tradicional del mundo. El cientificismo, la tecnología no necesitan de la filosofía ni de la sabiduría para desarrollarse y ser aplicadas. Una pistola, un proyectil teledirigido, una bomba atómica; los pueden disparar por igual un asesino y un cobarde, con sólo apretar un gatillo o un botón. Una espada solamente la podría usar un héroe y un valiente. Hoy, los tecnócratas viajan a la luna. Lo primero que se les ocurre al pisar su suelo, es arrojar una pelota de golf. En el próximo viaje, si es que lo hay, seguramente van a organizar un partido de fútbol, y todo ello transmitido por la televisión (¿visión a distancia?) para hacer las delicias de un público matriarcal de cretinos, que ya piensa poder realizar un picnic en la luna, comprando boletos anticipados para tan importante evento turístico. Son los sígnos de los tiempos, de la Gran Disolución, en que nada perdura y hasta los Dioses mueren. Los chóferes de taxis cósmicos se preparan a viajar con sus máquinas de hierro o de plástico a la superficie de las esferas del Universo, para no ver nada ni encontrar a nadie, sólo el vacío, reflejo solidario de su propia alma. Es la civilización tecnológica del hombre- hormiga, del hombre-masa. Ni siquiera del hombre de la Madre. Es la destrucción de la posibilidad del Hombre-Divino, del Hombre-Total, del Super-Hombre La tecnología, la cibernética, el cientificismo, son un producto del matriarcado negroide de los Estados Unidos de América y del mongolismo finés, con ejércitos de mujeres, de los eslavos y de los soviets. Los trasplantes de órganos físicos, como cambio de piezas de un automóvil, para prolongar la existencia material de la "máquina del cuerpo", llenará el planeta de cadáveres-vivos, de cien o más años, que sólo perduran para rumiar alimentos día y noche, como las vacas, o para mascar goma y divertirse destruyendo la posibilidad de librar el Gran Combate, la Gran Guerra. Es el paraíso del cabaret televisado, del circo deportivo y del periodismo insulso y dirigido. El matriarcado, el reino de la mediocridad y de las masas. La tecnología es igualitaria, antijerárquica. Se halla a disposición de todos los hombres y de todas las razas. Cualquiera tiene acceso a ella. Pronto el terrorismo asesino adquirirá armas atómicas y rayos láser . Los apóstoles de la mescolanza han logrado bastardear a toda la humanidad, con su hábil política controlada desde los centros Secretos de un poder omnímodo. Sus sirvientes, sus yanaconas arios, cumplen con las órdenes de destruirse a sí mismos y a sus descendientes, por imbecilidad adquirida, por cobardía y bajo el látigo del dinero y la amenaza del hambre y la miseria. ¡Miserables y cobardes! Las viejas naciones coloniales se encuentran invadidas por gente de color de sus excolonias, por los esclavos de la Atlántida y hasta de la Lemuria. Los otros países blancos, que no fueron potencias coloniales, o que las perdieron en la primera guerra mundial, están siendo sumergidos por masas de obreros de color que hacen el dirty work. Casi no se haría necesaria una tercera guerra mundial atómica para acabar con los últimos blancos sobre el planeta. Y con las últimas posibilidades de vida espiritual y plena, más allá de la barbarie científica y tecnológica. El "ciclo racial chileno" está a punto de cumplirse, habiendo sido recorrido de la siguiente manera: En la Conquista y la Colonia fue la vida heroica del campamento guerrero, en las condiciones ya descritas de dureza y con la práctica del admapu araucano del amancebamiento con varias mujeres, arrebatadas como trofeos a los indios. En la Colonia predominan aún los nobles sin pergaminos, los hidalgos separados casi en castas de los comerciantes, de los escribientes, etcétera. Ya han traído sus mujeres de Europa. Pero el nuevo mestizaje está en marcha, es inevitable. No existe. además, razón ni conocimiento aristogenético en esa sociedad colonial donde domina el eclesiástico, con su concepción de la igualdad de las almas. Con la Independencia y la aparición de Portales (a quien siempre le va mal en el comercio, aunque ridículamente en este país se le ha nombrado "Santo Patrono" de los comerciantes, quienes le celebran en el Día del Comercio ), vienen los decenios de gobierno impersonal. Sobrio, honesto, de los hombres probos y pobres, que no llegan a enriquecerse con la política, empobreciéndose aún más. Gobierna la casta en que todavía predomina el espíritu gótico. La Revolución del 91. en la que Palacios no toma partido, señala el ascenso del mestizaje de un color más subido. Con la aparición del político Arturo Alessandri Palma, la descomposición aumenta, de modo que se hará necesaria la intervención del Coronel Carlos Ibáñez del Campo. Desgraciadamente, no puede restaurar el estilo portaliano-gótico ; además, ésta no fue su intención. Racialmente, ya no es posible. El mismo hecho de haber tenido éxito un golpe militar señala un cambio genético en la comunidad. Las décadas del Frente Popular y de los gobiernos del Partido Radical significan la llegada a las alturas del elemento andaluz-semita e indígena. Lo que sigue, con algunos interregnos, no es más que la fatal pendiente de la descomposición del mestizaje en Chile, pudiendo así el judío aflorar libremente en la superficie, como el gusano que ayuda en la descomposición del cadáver. Con la Democracia Cristiana, será el judío Chonchol quien se hace cargo de la política agraria y la destrucción del campo tradicional. Con la Unidad Popular, es el mismo Salvador Allende Gossens, judío por la línea materna, quien introduce al afro-cubano a Chile, bajo la dirección de Fidel Castro, intentando incorporarse en la acción internacional terrorista y desintegradora. La política agraria sigue la línea señalada por Chonchol, destinada a la destrucción total de la "sangre y el suelo" de la patria. Si el judío. aparece, en la superficie con el Frente Popular, con los sefarditas Abraham Ortega, Ministro de Relaciones Exteriores del Presidente Pedro Aguirre Cerda y Joselín de la Masa, su subsecretario, quienes facilitan la entrada de miles de judíos, europeos a Chile y con los judíos Natho y Bergrnan, el proceso se continúa con los decenios radicales, con ministros "chuetas" y se consolida con la Democracia Cristiana y con Allende. Si hay algo que realmente pareciera irreversible es esto, sin importar quién esté en el poder ni en el gobierno del país. Porque es asunto racial, de la descomposición del mestizaje, un proceso que escapa a la dirección y decisión de la razón pura. Es un Destino, un karma gen ético. Aquí y en todo el mundo. Por eso, cuando Allende es derrocado y se produce el golpe militar de 1973, el cambio deberá ser únicamente en la superficie, de una gente casi igual, por otra no muy diferente. Aunque en el estilo y aspecto visible de la vida las cosas parecieran distintas, en el fondo se irá en la dirección única, inalterable. El enemigo que se combate afuera no está ahí, está adentro. Y adentro, los que intentaban destruir el agro tradicional, el suelo y su sangre con el marxismo, son idénticos, racialmente hablando, a los que luego lo han hecho con el supercapitalismo, con el sistema liberal y el monetarismo. El judío ha sido amo y señor en todos los casos. Y esto por falta de instinto racial chileno. Porque nunca existió este instinto, porque nunca hubo raza chilena. Lo que hubo fue un mestizaje en descomposición. Su ciclo se ha cerrado. ¿En qué momento de la historia se empieza a alterar el estilo de vida patriarcal del chileno? Tras la llamada "Independencia", propiciada por las logias masónicas con sede en Inglaterra y con el ejemplo de la Revolución Francesa, a su vez un producto de la Masonería, el cambio se hace visible. Ya hemos explicado lo que sucediera con el comerciante. El que logra quedarse en Chile, hace estragos con la usura y las artimañas de que se vale para despojar al guerrero, al hidalgo, de lo que obtuvo con la espada y con su sangre. El Virreinato de Lima se vio obligado a enviar a un antepasado mío, don José de Santiago Concha, marqués de San Miguel de Híjar, a poner orden y hacer salir del país a los inescrupulosos despojadores. Con la Conquista del Nuevo Mundo se ha cumplido la primera etapa de la "Cruzada contra el Gral" y los Dioses Blancos, como ya lo hemos explicado. Borradas sus huellas, destruido lo que aquí restaba visible de su conocimiento divino y de su sangre, se hará necesario reemplazar a España, acabando con lo que el guerrero aportará de positivo. Le toca el turno a Inglaterra, con los equipos de servidores criollos formados en la logia masónica "Lautarina", de Londres. Es así como masones son Miranda, Bolívar , O'Higgins y San Martín, además de marranos algunos de ellos. No es el caso entrar a describir las intrigas, los conciliábulos secretos y hasta los crímenes cometidos en prosecución del Gran Plan, como el asesinato de los hermanos Carrera y Manuel Rodríguez, incluyendo el de Portales, por elementos claves, como Vidaurre, y la traición a Rosas, por Urquízar, en Argentina. Todo esto iba en beneficio de un solo pueblo, grupo o tribu, que controló, detrás de España y de Inglaterra, como de los Estados Unidos hoy: los judíos. Existe así un hilo secreto que se puede seguir desde aquellos tiempos hasta el presente y que lleva de modo preciso a un fin ya diseñado. En apariencia se pretende hacer de este continente americano el último refugio de la antirraza, su "Nueva J erusalén"; en verdad, se está tratando de alcanzar hasta las Ciudades Secretas de los Dioses Blancos, hasta sus recintos aún inviolados. Desde niño, por instinto al comienzo, jamás he rendido culto a esos "padres de la Patria" a sus instituciones masónicas. Ya lo dije en "Ni por Mar ni por Tierra", hace más de treinta años. Ellos dividieron este continente del sur en más de veintiún países de opereta, aislándolo para que así pudiera "cocerse en su propio mestizaje", en su propia oscura salsa bastarda de marranos y negros traídos del Africa como esclavos por los sucios encomenderos. Ya sabemos cómo el masón Bolívar inventó Bolivia, una suerte de Tibet sin lamas y sin Tibet. Sin atumarunas ya. Bolivia, hasta en el nombre procede de Bolívar. Y así nació este nacionalismo sudamericano, sin destino, sin base alguna, sin raíz, auténtica. Tras esa "independencia", los primeros gobernantes de Chile continuaban manteniendo el estilo sobrio del godo. Diego Portales es un genio visigodo de alma y cuerpo. El estudio de Francisco .Antonio Encina, inspirándose en Palacios y desarrollando sus intuiciones, lo descubre así. Fue con la llegada de las primeras familias sefarditas a Chile y con el enriquecimiento fácil del salitre, tras el triunfo de la Guerra del Pacífico, con los gestores-abogados y los políticos de profesión, que se inicia el cambio a la vida matriarcal. En el fondo, se encuentra el factor racial. Es extraño que Palacios no haya logrado verlo. No comprendió, al parecer, que el mestizaje con el indio ya era un mestizaje" de mestizajes y tan pernicioso como el de todas las Españas. Chile se ha "iberizado", por así decirlo. Palacios ama y admira al "roto" chileno, por su valor, por sus condiciones de nobleza, por su callada resistencia ante las inclemencias sociales y de la tierra. Le conoció en la guerra del Pacífico y en la pampa del salitre, como médico. Palacios era médico cirujano. Pero muchos de los defectos del pueblo de Chile, el mismo matriarcado, ya se encuentran prefigurados en la sangre del indio. Durante la guerra el, el mapuche se vio obligado a dejar en manos de la mujer el trabajo de la agricultura, de la familia, del comercio y hasta de la medicina y la religión. En la mujer pasó a descansar toda la armazón social y de la familia. De ahí al matriarcado había un paso. La leyenda misma lo favorece, con esa amazona Gaibomilla de la paleo-historia. El Chile de hoy, donde la mujer es el centro y la base sustentadora de la estructura social, no ha hecho más que desarrollar el tema indígena-mongol. Y es lógico que, cuando el elemento blanco, gótico, se debilita en la sangre del mestizo de Chile, por consecuencia natural, por gravidez y velocidad adquirida, sea el matriarcado el que se imponga victorioso. Al paso del tiempo, aun sin contar con los semitas y los negros, la decadencia y descomposición debían producirse. Más pronto que tarde el equilibrio se rompería en desventaja del blanco y de su espíritu sobrio, guerrero y señorial. Espíritu que conoció Nicolás Palacios en su propio hogar campesino, donde su padre era un patriarca respetado y amado por sus numerosos hijos y por sus servidores, además de temido. La mecha de la bomba de tiempo de la descomposición racial había sido encendida al comienzo mismo de la fundación de la comunidad mestiza, en la Conquista. La explosión debería producirse en nuestros tiempos. Negros entran muy pocos a Chile. Son traídos como esclavos en el siglo XVIII, a Mendoza y a Talca, por traficantes y encomenderos, Se instalarán en el barrio de la Recoleta, en Santiago y Rancagua, principalmente, para abandonar pronto el territorio chileno cuyo clima no les es favorable. Van en dirección de Argentina. El mulatismo en Chile es débil. En cambio, cada vez más se fortalece en la sangre del mestizo el afluente amarillo, polinésico, asiático, mongol, reforzándose física y psicológicamente con la llegada del ibero aborigen, no godo. El factor meláneo, es decir negro de los negros de las islas de la Melanesia se expresa en la sangre del indio por elpreponderante elemento mongol y de lo que en éste hay del negro, mezclado antiguamente con el amarillo y con el blanco, como en Corea. Según Keyserling, el chileno se parece cada vez más a un finougureano de las estepas del Asia Central. Cuando residía en el extranjero y yenía de visita a Chile, debía admirarme del aspecto cada vez más asiático de la policía, de la tropa militar y del pueblo en las periferias urbanas. Hoy sucede con el centro de las ciudades y en el mismo Santiago. Desde hace unos años se paseaban bellas mujeres criollas, blancas, distinguidas y se reunían los hombres también blancos, a verlas pasar ya charlar de política y hasta de literatura, hoy circula un mar promiscuo y confuso de "finougureanos", de mongoles, lumpen racial y social, inundándolo todo con sus mercados ambulantes de baratijas de modo que se creería estar en el mercado flotante de Bangkok o en el mercado de Estambul, con la única diferencia de que allá la gente es mejor y más bella. Por todos lados se ven "fakires", pregonando bálsamos, tocando músicas y vendiendo. Creería uno encontrarse en pleno Chandni Chowk, si no fuera por la falta del espíritu de esa calle de la Vieja Delhi y su magia de Samsara. Las voces guturales, delgadas, en falsete, son las mismas de Oriente. Y el "roto" se siente en su elemento vendiendo baratijas por todos lados. El amarillo es esencialmente práctico, utilitario, según Gobineau. Cuando entra a dominar en la mezcla con el blanco, transforma la sociedad donde vive, convirtiéndola en un campo de vender y comprar. Y el comercio va de la mano del matriarcado. Todas las doctrinas y organizaciones de tipo socialista y economicista son matriarcales y semitas. Los apóstoles del socialismo son judíos, ya lo hemos visto. Lo extraordinario es que Palacios, a comienzos de este siglo, también lo descubriera. Plantea el problema judío, cosa que Gobineau no hiciera, como hemos dicho, siendo el punto débil de toda su concepción racista de la historia, su secreto talón de Aquiles. Palacios fue al fondo del asunto, siendo ésta la razón última del silencio del mundo académico e intelectual de este país y de cualquier otro. El más gran libro que se haya escrito aquí y en toda la lengua española, ha sido puesto en el lndex desde el momento mismo de su publicación, por tratar el problema judío, punto neurálgico de toda concepción auténticamente racista de la Historia. Según Palacios, aquel que entienda la fundamental cuestión racial y aplique su conocimiento a la interpretación de la historia pasada y presente de los hombres, comprenderá con mayor facilidad dónde se encuentra el peligro, pudiendo evitarlo con sólo preguntarse por el nombre y la procedencia racial de tal o cual promotor de doctrinas y teorías sociales, económicas , políticas o filosóficas. Si su autor es judío, sólo males podrán esperarse para los no judíos, porque nunca esas doctrinas o teorías serán aplicadas al pueblo judío, estando destinadas al consumo por sus enemigos. ¡Cuántos males nos habríamos evitado en Chile si se hubiese escuchado a Palacios! Pero hablar de Palacios en Chile es algo inconveniente. Con sólo mencionar su nombre, aparecerá en la boca de los oyentes una sonrisa hipócrita de superioridad mestiza o mulata, y exclamarán: "Fue un buen hombre, un patriota, que careció de formación científica moderna, de información sobre la ciencia de las razas, de la etnología, de la antropología, un diletante, que amó al pueblo chileno, al roto, y por eso inventó todos esos absurdos de visigodos y araucanos, para poder exaltarlo y darle fe en sí mismo... Patriota, es cierto, y por ello se le ha erigido un monumento, que nadie conoce; porque nadie sabe quién es Palacios; pues, además, su libro es muy aburrido y está mal escrito"... Etcétera. A medida que la guerra con el indio se hacía menos intensa, localizándose en la llamada "Frontera " hacia Arauco, y cuando las principales ciudades del centro ya no ofrecían grandes peligros, comenzaron a llegar elementos que se contraponían al araucano-gótico, según Palacios. Son los "latinos", y el ibero autóctono. Para Palacios, únicamente el germano, el sajón, es un buen aporte a la "raza chilena", siempre que se aplique una política racional y científica, ubicando al inmigrante en la vecindad de tierra en manos de chilenos, para así favorecer la mezcla y evitar enclaves raciales. Es partidario de la mezcla, de la promoción de un mestizaje favorable. Por suerte, el alemán que vino al sur y extendió la frontera de Arauco se casó con mujeres, también traídas de Alemania, salvo contadas excepciones. Gracias a esto, la inmigración ha podido mantener su energía creadora por más de un siglo, hasta que la influencia letal del paisaje de estas zonas del fin del mundo también la han aniquilado. Con la llegada de latinos se va descomponiendo todo el mecanismo del Estado en Forma, del espíritu visigodo y portaliano. El ejemplo que mejor ilustra a Palacios es la demagogia de Arturo Alessandri Palma, quien da el golpe de gracia al espíritu de ese Estado. y no es casualidad que reciba un caluroso apoyo en sus campañas político- feministas del flamante Club de Señoras, fundado en esos tiempos y que luchaba por los "derechos de la mujer". Lo presidía una señora llamada Delia Matte. Se empieza a hacer visible el triunfo del matriarcado y la descomposición en Chile. El reino de la Madre se caracteriza en el mundo por la imposición de regímenes democráticos, con la votación universal, aun de los impedidos: porque para la madre todos los hijos son iguales, demostrando siempre preferencia por el más débil y por el enfermo. En las democracias, los presidentes aparecen siempre con su mujer en público, porque es ella la que los dirige, por lo general. Al otro lado de los Andes tenemos el caso de Evita Perón. El matriarcado se caracterizó en el siglo XIX por el llamado "espíritu de justicia", que se recomendaba a los países coloniales y, en el siglo XX, por el frenesí de la caridad y de los "derechos humanos", la compasión por el criminal y la abolición de la pena de muerte. Todo esto se ha centralizado en el evangelismo de las iglesias Católica y Protestante y en las logias masónicas, con su lema de libertad, igualdad y fraternidad. El reinado de la madre es el igualitarismo por antonomasia, inclinándose del lado de la "oveja negra". con preferencia por el retrasado mental, el imbécil. En las sociedades patriarcales es el guerrero superiormente dotado quien recibe auxilio para prosperar, porque, como decía Nietzsche, "las especies superiores son las más débiles, frente a un mundo enemigo ya una masa hostil". El mejor dotado debe alcanzar el máximo de sus posibilidades. La organización patriarcal es jerárquica, desigualitaria, aristocrática, despiadada. La madre contribuirá colaborando en la producción del héroe. El godo Ercilla hace que Fresia arroje a su hijo a los pies de Caupolicán, el Cinche araucano vencido y prisionero, no pudiendo aceptar el suplicio infamante del gran Toqui. El fenómeno de la decadencia nacional viene cumpliéndose históricamente. Hermann Keyserling lo vio, descubriendo el culto a lo feo del chileno, el "teísmo", como estilo nacional, su exaltación de lo inferior, de lo deforme y del alcoholismo. El hombre debe ser "bueno para tomar" y ves- tirse con desaliño, "mal encachado". Se odia aquí lo bello, lo que distingue. La envidia, heredada de la España vernácula, se cultiva en campo propicio, al sobrevenir la decadencia y la desaparición del elemento racial gótico, desplazado por el factor aborigen ,ibérico e indígena de color. No es difícil entender, entonces, que un libro como "Raza Chilena" y un autor como Palacios sean completamente ignorados y secretamente odiados, víctimas de una campaña de silencio y desprestigio, dirigida por las fuerzas que controlan el proceso de la desintegración racial en el planeta Tierra. Palacios es un peligro demasiado serio. Su libro ha sido declarado anticientífico, antihistórico, contrario a la realidad chilena y a la de España. Lo hemos dicho, las hipótesis de trabajo de Palacios no convienen a aquellos que tienen por misión empujamos al abismo. Con el matriarcado se imponen en Chile la usura, la banca intemacional y el comercio. Un país patriarcal es industrial, agrario, cazador, pescador, guerrero. Chile debió serlo por la capacidad de su gente mejor. El "consumismo", el "monetarismo" judaicos, el comercio desatado, donde todo se vende y se compra, han destruido la industria nacional y la agricultura. Ya trataremos esto. Los países matriarcales son productores de materias primas, las que entregan a la voracidad de los extranjeros; la mujer se abre al hombre, al conquistador, enteramente; como la madre, da su leche sin reparos. Los países viriles poseen vir (virtu ). El poder del Vril hiperbóreo puede llegar a ser suyo. El socialismo es el camino final que recorre el matriarcado. En Chile se habría impuesto a no ser por esa misma mujer, esa dueña de casa, que descubrió que no satisfacía sus aspiraciones domésticas y que sus ollas estaban vacías. Hizo la llamada "revolución de las cacerolas" y derrotó al socialismo forzando al ejército a intervenir para cambiarlo por el "consumismo", el "librecambismo" y el capitalismo individualista más extremos, con la influencia preponderante en todas las decisiones de la mujer del jefe militar que asumió el poder. El hombre no sólo vive de pan. La mujer, sí. Si la dejamos imponerse en la estructura matriarcal de la sociedad, no habrá tampoco pan, al final. Otro signo del matriarcado es el sexualismo. Los pueblos varoniles son castos y recatados. Tras una residencia de años en el extranjero, descubro al retornar síntomas visibles del afeminamiento en las costumbres. Por ejemplo, el beso de saludo que se da indiscriminadamente a cualquier mujer. Hace muy pocos años, en Chile sólo se besaban las mujeres al saludarse. Un hombre de verdad no anda besando así. Costumbres como ésta no existen en ninguna otra parte del mundo, que yo sepa, y se han impuesto irrestrictamente en Chile en la última década, como un "estilo militar"; valga la paradoja. El jefe militar del Estado chileno anda repartiendo besos de saludo a todas las mujeres, de norte a sur del territorio nacional. Cinco mil kilómetros de besos anónimos, multiplicados por diez años de su gobierno matriarcal y consumista. El extremo de máximo peligro se ha tocado al incorporar a las mujeres en el ejército. Jamás un godo ni un araucano hizo combatir a sus mujeres, como profesionales de la guerra. Sólo el marxista eslavo, mongol, el ruso híhrido, ha incluido batallones femeninos en sus fuerzas armadas. Biológicamente, la mujer no está hecha para combatir, ni psíquicamente para dirigir o crear en competencia con el hombre. ¡Qué absurdo sería hacer pelear las vacas en la arena, en lugar de los toros! ", dice De Mahieu. Las sociedades matriarcales del presente han presenciado esta monstruosidad, con brigadas de mujeres y terroristas asesinas. De sus tumbas se levantarían hoy los soldados de Portales, los de su primera Parada Militar en el Día Nacional de Chile, los de su batallón, al saber que hoy desfilan, en el Día de las Glorias del Ejército. batallones de mujeres, incorporados a la arma da de tierra, a la aviación ya la policía... ¿Le seguirá la marina? Las amazonas, que los conquistadores aseguraron encontrar en , el río del Brasil que lleva su nombre, y el reino de Gaibomilla, en el sur de Chile, habrían sido consecuencia de la desaparición de los atumarunas, de los Dioses Blancos de América, o de los gigantes sumérgidos en las ciudades secretas de los Andes, tras la catástrofe que destruyera el continente del Antiguo Sol. En todo caso, y siempre, es el hombre el que primero falla, física o espiritualmente. El matriarcado, el amazonismo, como fenómeno colectivo, encuentra su causa última en una deficiencia genética y racial. Este tema del matriarcado en Chile viene siendo tratado por mí desde mis escritos de juventud, en "La Nueva Edad", durante la Segunda Guerra Mundial y en artículos de periódicos y revistas. Consumismo y consumir , la vaca que come las veinticuatro horas del día, el norteamericano judaizado que mastica goma. Comprar y venderlo todo, cambio delirante de la moda en el vestir, son únicamente los síntomas visibles del matriarcado, de un mal que viene desarrollándose desde antes de la Independencia y que afecta por igual a Chile y la Península Ibérica. Veamos lo que pasa hoy en España, con el llamado "destape", la pornografía y el relajamiento de las costumbres patriarcales, aceptados por el trono judaico y masóníco del Borbón. Es un mal racial, condición del "pecado racial". La involución fatal de un mestizaje. Involución de una involución. Se alteraron los factores del mestizaje en la "raza chilena" en favor del finougureano, del indio, con desventaja para el elemento blanco. Esto era inevitable, fatal. No han bastado para impedirlo los alemanes traídos por Pérez Rosales, porque se les han contrapuesto los inmigrantes semitas, enquistándose en los centros neurálgicos de la información, la publicidad, las comunicaciones, la educación y la propaganda más la economía centralizada y controlada desde la capital. Ellos defienden, sin contrapeso la necesidad de la igualdad y de un mayor mestizaje, apuntando al fin último de la reintroducción de los negros al país. No hay película de televisión en que no aparezca un negro en igualdad de inteligencia y condiciones a un blanco. Y esto día a día. El factor asiático, polinésico, mongólico, va ascendiendo a la superficie de modo visible y creciente en el mestizaje chileno, aun sin necesidad de refuerzos, por el hecho de que los estratos con mayor porcentaje indígena se reproducen más y las castas altas y blancas son siempre menos prolíferas. Es éste un fenómeno mundial, que en la sociedad cerrada y aislada del chileno ha venido a ocupar menos tiempo en producirse. No sería entonces casual el interés actual de los chinos y asiáticos en general por instalarse y comerciar en Chile. La sangre llama a la sangre. La influencia del alma amarilla se expresa siempre mejor en el comercio desenfrenado. En Japón, una vez destruida la casta de raza superior samurai y perdida la guerra, se ha encontrado en una verdadera locura, en un amok del comercio, y ese pueblo se ha transformado en un monstruo que recorre frenético el planeta tratando de vender más y más, de explotar minas, reservas forestales y pesqueras. ¡Los Dioses nos libren de esa peste !. En Chile, el alma finesa ha sido responsable de los sucesos de esta década de consumismo y monetarismo. Se muestra, además, en el gusto por la ero$ión y los desiertos de Asia y Africa. En Chile se descubre en el odio al árbol, al bosque, de los barraqueros españoles y vascos, con predominante etnológica finesa, de la España pregoda y en la afición por los desiertos de cemento. Fue el Ministro Ross Santa María, precursor de los llamados "Chicágo Boys", quien construyó en Santiago ese horrible desierto de la Plaza de la Constitución. Era un especulador de la bolsa internacional. Así, que los japoneses, los chinos, los vietnamitas, los coreanos quieran venir y estén llegando a Chile en estos últimos años, para darnos el golpe de gracia en nuestra identidad, es casi comprensible, teniendo, además, el Océano Pacífico como vía de comunicación natural. En cambio, la ayuda que les brindemos constituirá el último y más fatal acto de un suicidio etnológico, eugenésico. Esto puede cumplirse con el pretexto de la explotación de nuestras riquezas mineras, de la pesca y de las reservas hidroeléctricas en el sur. Junto con facilitarles esas posibilidades, les estaríamos también abriendo las compuertas de nuestra corriente sanguínea, para que refuercen allí el factor finés y meláneo, en favor del elemento mongólico-indígena, vernáculo. Estamos rodeados de peligros mortales. Al norte, la "axila " racial de Perú y Bolivia, donde se juntan los negros, con los chinos mestizos de blancos; al oriente, cada vez más cercano por el comercio, el subcontinente afro-mulato del Brasil. Sólo con Argentina y Uruguay, quizás Paraguay podríamos y deberíamos integramos siempre que en el cono Sur se llegara ; a aplicar una política racista, eugenésica, aristogenésica, en beneficio del elemento blanco. Solo así podríamos formar un bloque de defensa racial y controlar y proteger el Polo Sur plexo sacro y mágico del planeta. Sueño utópico, de seguro, dadas las circunstancias actuales y lo avanzado de la gran conspiración. Todo, o casi todo, está ya controlado por el Enemigo en nuestro suelo, que nunca ha sido nuestro.

3 comentarios:

PoL dijo...

La virgen, menudo montón de mierda has escrito. Estás lejos de ser un superhombre, por ahora eres un supermiedoso. Animo.

Ave nocturna dijo...

Lamentable que pienses así de las mujeres. Tanto mujeres y hombres somos iguales en capacidades, parece que no tuvieras madre y si la tienes, que verguenza.

Definitivamente, un grupo humano no es superior a otro, por el simple hecho que siempre han habido acercamientos, mezclas "raciales" y culturales.

Yanina MAJ dijo...
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